Pero ¿qué pasa realmente en un tapiz? desde que el pitido te avisa que has de comenzar hasta que la música se para tienes que demostrar el trabajo de todo un año,de todas esas horas de entrenamiento, tu esfuerzo y dedicación.
La música ha empezado y tu con ella en los primeros segundos recuerdas el último consejo de tu entrenadora pero a medida que los segundos pasan empiezas a disuadirte, notas que solo están las juezas, tu aparato y tú, no escuchas nada, ni los gritos de ánimo ni los aplausos, solo tu música.
Hay niñas que son capaces de ver que estuche lleva cada jueza y recordarlo al acabar, otras están pendientes de lo que hace su entrenadora y otras escuchan todo lo que le chillan.
Llevas ya un minuto en el tapiz, queda la recta final. Ejecutas las dificultades, controlas cada movimiento que haces con el aparato, pero ese es un gran problema, te olvidas de que tú también estás y que te tienes que controlar a ti, por que el aro, pelota, mazas o cinta sin una gimnasta solo son objetos.
Coges aire, solo quedan unos segundos, miras a las juezas, un último movimiento y la música acaba. Te levantas y saludas, y al salir del tapiz te espera una comisión de niñas deseosas de abrazarte y darte un beso, según como te haya salido vas hacia tu entrenadora con más o menos alegría, la abrazas y repasáis los fallos. Os vais al tapiz de calentamiento y los repites un par de veces,y ya está, tu competición se ha acabado.
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